miércoles, 18 de marzo de 2009

Dulcita


Una noche lluviosa de julio llegué a mi casa en Barva de Heredia, donde comenzaba a experimentar la vida de mujer joven sola haciéndome cargo de mi propia vida.
En la puerta había un perro callejero que se estaba guareciendo ahí, primero pensé dejarlo en la calle, después me reprendí a mi misma por el simple hecho de haberlo pensado y luego me dije:

"Hey, vivo sola. No tengo que pedirle permiso a nadie para tener otro perro más si quiero!!!"
(ya tenía dos)

Y le dije:"Pase mi`jito"

El perro me veía con cara de:"En serio...¿No me estás vacilando?"

Y hasta le respondí: "Sí es en serio, pase... Si quiere mañana se va y ni crea que usted es el único en esta casa..."

Una vez adentro me di cuenta de que el perro no era él sino ella, y además que no tenía hambre sino cansancio. Porque no probó bocado y se acostó a dormir en un sillón, tan profundamente que creí que se había muerto.

A la mañana siguiente le abrí la puerta y le volví a proponer que si quería se podía ir (porque le veía el deseo de ser libre en los ojillos). Así que yo me fui para el trabajo y ella se fue a no sé dónde.

Cuál sería mi sorpresa cuando llegué otra vez en la noche y ahí estaba ella esperándome con su mirada dulce y moviéndome la cola. Por ese tiempo estaba leyendo un libro de Esmeralda Santiago, creo que se llamaba: "Cuando era puertorriqueña" y hablaba de un personaje que se llamaba Dulcita; así que decidí que tan dulce animal no podía llamarse de otra forma.

Después Doña Ana la vecina me contó que cuando yo me iba a trabajar, Dulcita caminaba por el pueblo, daba vueltas por el parque con amigos perros, tomaba agua de la Gruta de la Virgen y dormía detrás del Santísimo (altar mayor usado en la misa católica) de la iglesia de Barva.

Lo único que me preocupó fue lo de los amigos perros, así que la llevé a castrar. Por lo demás estaba bien y aunque yo no era muy católica mi perrita podía cumplir por mi. Y hasta una vez me contaron que todos los domingos iba a misa de 11:00 de la mañana y se quedaba hasta que terminara.

Pues así transcurría el tiempo, yo me levantaba en la mañana y me iba al trabajo y ella a callejear y regresaba a comer y dormir en la noche. Una amiga me dijo una vez que ese perro era como un marido...

Se fue poniendo linda, bañadita, sin parásitos externos o internos y tan dulce como siempre.

El día que le compré un collar con placa en donde había un número telefónico donde llamar si se perdía fue el día que me la robaron (con todo y collar)

No puedo decir quién me la robó porque no tengo pruebas, solo diré que los que se supone que deben velar por protegernos y ayudarnos fueron los que me la quitaron.

Un motivo más para dejar de creer en la autoridad.

1 comentario:

Laura dijo...

Genial! Lo voy a usar en mis clases!! Que linda la Dulcita!!