domingo, 3 de enero de 2010

Trova

Pensando estos días en la música Trova me puse a cuestionarme...
¿Por qué me pone tan triste?
Me pone así, y también la ópera me entristece.
Pero de maneras diferentes.
La de la ópera es una tristeza pura y total.
La ópera me remite a Madamme Butterfly, por ejemplo.
La tristeza que sentís cuando Madamme Butterfly se clava la daga en el estómago mientras su hijo (mitad japonés y mitad gringo), juega en el corredor de su casa.
Porque el gringo prometió volver "cuando los cerezos estuvieran en flor" y no volvió...
Pero la Trova fue mi compañera de adolescencia, de adultez joven.
Cada canción me remite a un lugar, una sensación, una persona, una situación...
Cuando teníamos 16 años conocí la Trova por mi grupo de amigos, era música clandestina y prohibida. Un amigo conseguía un cassette que era una copia que alguien secretamente le había facilitado, y buscábamos dónde oírlo.
Tenía que ser una casa que tuviera reproductor de cassettes pero que no fuera un equipo de sonido en una sala, no queríamos que mamá, papá y hermanillos escucharan nuestra música prohibida.
Siempre terminábamos en mi casa porque era la única que tenía grabadora.
Nos íbamos a la cochera y sobre la tapa del carro de mi papá oíamos las canciones de Silvio, aguantando el aliento y sintiendo que no había cosa igual.
No existía internet, para nosotros bajar música era tirarle el cassette a un amigo desde el balcón para que lo "apañara" abajo, advirtiéndole que si fallaba lo matábamos.
Hacíamos copias del cassette "madre" y era una odisea encontrar a una persona que tuviera grabadora de doble cassettera. Algunas veces copiábamos poniendo una cassettera frente a la otra, pero esto había que hacerlo en la madrugada porque sino se metía el ruido del ambiente.
Entre el grupo de amigos distribuíamos la música a los que considerábamos que realmente eran "militantes de la causa" (aunque cada quien tenía su propia definición de lo que era "la causa")
Los nuevos en el grupo (a quienes no se les tenía confianza), ni siquiera osaban pedir el cassette. Ya llegaría cuando fueran merecedores.
En los primeros años no sabía cómo se veían Silvio Rodríguez o Pablo Milanés o Mercedes Sosa físicamente, y eso era lo menos importante. Lo vital era que sus voces nos llegaban potentes y algo distorsionadas a través de cassettes que eran copia de copia de copia.
Después vinieron los discos y los cassettes con las caras de los artistas, y podías comprarlos, y lo cantabas a gritos en la ducha. Porque sentías que ya era "permitido" divulgar su talento (y el tuyo).
Ahora los bajas de internet, los compras en todo lado y lo último que me pasó fue que un muchacho menor que yo, ya de otra generación distinta a la nuestra, un día me dijo en una fiesta:
"Ay, no. Trova no por favor, que la odio"
Fue como que me hubiera dicho:
"Odio a tu mamá", fue una ofensa, y me costó sobre ponerme al hecho de que podía existir alguien que no le gustara la Trova...!!!
Bueno, con todo esto quiero decir que hay diferentes tipos de tristezas.
Pero lo que sí es un hecho es que me encanta sufrir.