jueves, 25 de marzo de 2010

Traición


A veces me traiciono a mi misma.
Voy y hago algo que todos esperan que yo haga y que no quiero hacer.
Y soy tan miserable después.
Y me cuestiono, ¿por qué lo hice?
Y me deprimo y poco falta para flagelarme.
Y después me abrazo y me perdono.
La peor traición es la que te hacés a vos misma.

lunes, 1 de febrero de 2010

Mi celular




Si eres mi amig@, si me conoces, si hemos hablado algún día con una copita de vino entre pecho y espalda, entonces esta historia no te va a sonar nueva.
Es la historia de mi celular, es un Nokia 5125 y usa la tecnología TDMA
Probablemente eso no suene raro, ni único. Solo un tanto anticuado
Lo que sí es único es que poca gente sabe que mi teléfono es el teléfono celular o móvil que el célebre Cristóbal Colón traía en su cuarto viaje cuando, dichosa (o desgraciada) mente, desembarcó en el puerto de Limón en la costa Caribe costarricense en 1502
Dicen que el almirante genovés cuando llegó a nuestras costas exclamó:
"Qué tierra de putas" porque las indias andaban desnudas
Bueno pues mientras Colón admiraba las carnes de sus nuevas discípulas el móvil se la cayó al mar
Por eso un indillo malinchista se lanzó al agua y buceando hábilmente sacó el móvil del agua y se lo entregó al "patrón", y todavía servía !!!
En premio a tan noble acción Cristóbal le regaló el aparato al indio (en cuánto él mismo se pasó a la nueva tecnología, claro)
Y desde ese momento ha pasado de generación en generación (el aparato), hasta llegar a mis manos amorosas que lo cuidan como el tesoro familiar que es
Aunque cuando voy en el bus a veces lo ignore, y me dé vergüenza que suene cuando estoy al lado de alguien con un "chucito" de la tercera generación
Por cierto, me da mucha risa cuando la gente confunde el término "tercera generación" y dicen que tienen un teléfono de la "tercera edad"
Tercera edad el mío que lo traía Colón...


domingo, 3 de enero de 2010

Trova

Pensando estos días en la música Trova me puse a cuestionarme...
¿Por qué me pone tan triste?
Me pone así, y también la ópera me entristece.
Pero de maneras diferentes.
La de la ópera es una tristeza pura y total.
La ópera me remite a Madamme Butterfly, por ejemplo.
La tristeza que sentís cuando Madamme Butterfly se clava la daga en el estómago mientras su hijo (mitad japonés y mitad gringo), juega en el corredor de su casa.
Porque el gringo prometió volver "cuando los cerezos estuvieran en flor" y no volvió...
Pero la Trova fue mi compañera de adolescencia, de adultez joven.
Cada canción me remite a un lugar, una sensación, una persona, una situación...
Cuando teníamos 16 años conocí la Trova por mi grupo de amigos, era música clandestina y prohibida. Un amigo conseguía un cassette que era una copia que alguien secretamente le había facilitado, y buscábamos dónde oírlo.
Tenía que ser una casa que tuviera reproductor de cassettes pero que no fuera un equipo de sonido en una sala, no queríamos que mamá, papá y hermanillos escucharan nuestra música prohibida.
Siempre terminábamos en mi casa porque era la única que tenía grabadora.
Nos íbamos a la cochera y sobre la tapa del carro de mi papá oíamos las canciones de Silvio, aguantando el aliento y sintiendo que no había cosa igual.
No existía internet, para nosotros bajar música era tirarle el cassette a un amigo desde el balcón para que lo "apañara" abajo, advirtiéndole que si fallaba lo matábamos.
Hacíamos copias del cassette "madre" y era una odisea encontrar a una persona que tuviera grabadora de doble cassettera. Algunas veces copiábamos poniendo una cassettera frente a la otra, pero esto había que hacerlo en la madrugada porque sino se metía el ruido del ambiente.
Entre el grupo de amigos distribuíamos la música a los que considerábamos que realmente eran "militantes de la causa" (aunque cada quien tenía su propia definición de lo que era "la causa")
Los nuevos en el grupo (a quienes no se les tenía confianza), ni siquiera osaban pedir el cassette. Ya llegaría cuando fueran merecedores.
En los primeros años no sabía cómo se veían Silvio Rodríguez o Pablo Milanés o Mercedes Sosa físicamente, y eso era lo menos importante. Lo vital era que sus voces nos llegaban potentes y algo distorsionadas a través de cassettes que eran copia de copia de copia.
Después vinieron los discos y los cassettes con las caras de los artistas, y podías comprarlos, y lo cantabas a gritos en la ducha. Porque sentías que ya era "permitido" divulgar su talento (y el tuyo).
Ahora los bajas de internet, los compras en todo lado y lo último que me pasó fue que un muchacho menor que yo, ya de otra generación distinta a la nuestra, un día me dijo en una fiesta:
"Ay, no. Trova no por favor, que la odio"
Fue como que me hubiera dicho:
"Odio a tu mamá", fue una ofensa, y me costó sobre ponerme al hecho de que podía existir alguien que no le gustara la Trova...!!!
Bueno, con todo esto quiero decir que hay diferentes tipos de tristezas.
Pero lo que sí es un hecho es que me encanta sufrir.

jueves, 31 de diciembre de 2009

domingo, 4 de octubre de 2009

Homenaje a un amigo


Cuando lo conocí él era joven, rebelde y aventurero. Ambos éramos jóvenes.
Él era "tortero", siempre metiéndose en problemas. Muchos le habían jurado matarlo si se lo encontraban en la calle.
Al principio era tan rudo que me desconcertaba; yo no podía tocarlo, ni acariciarlo sin sentir que aquello en vez de agradarle le dolía, le asustaba, le molestaba.
Siempre evitando el contacto físico, peleando con sus amigos, esforzándose a toda costa por ocultar su vulnerabilidad e intentando a cada momento parecer el más rudo.
Yo sabía que él había sido maltratado de pequeño, por eso lo entendía.
Me llevó años lograr que permitiera un abrazo.
Ahora es diferente, ha cambiado para bien. Está viejo y canoso, a todas luces vulnerable, con una salud de hierro para su edad y agradecido.
Ya puedo abrazarlo y no le molesta, lo beso en la frente, bailamos en la cocina a veces, y siempre caminamos juntos, él a mi paso.
Aunque sé que me quiere, cuando hay oportunidad se escapa de casa, nunca ha soportado nada que lo ate.
Hemos vivido juntos casi 15 años.
He escrito esto como un homenaje en vida a mi gran amigo "Negro" que odia las cámaras



lunes, 31 de agosto de 2009

Dos hermanas


Esta es la historia de dos hermanas que vivieron a principios del siglo XX, eran jóvenes mujeres campesinas que cocinaban para la familia y la "pionada", lavaban en el río y cosían toda la ropa a mano.
Siempre soñando en lo más hondo de su ser con encontrarse un buen hombre para "casarse bien" y vivir haciendo hijos, cocinando, lavando en el río y cosiendo para su propia familia.
Pero las hermanas no eran iguales. Una de ellas, Camila, era hermosa, con sus rizos siempre recatadamente trenzados, mirada arrogante y deseo de vivir experiencias nuevas.
Su hermana Rosa era un año menor, no tan altiva, más sencilla y hecha a la idea de que era la sombra de su hermana.
Y no era para menos, pues tanto ella como toda su familia sabían que, probablemente, nunca se casaría.
Y es que, ¿quién iba a querer a una muchacha con una pierna más corta que la otra? Que al caminar hacía punto y coma, y que tal vez ni iba a poder "echar hijos a este mundo"
Pero un día el novio de Camila, que se había conseguido en lo que iba y volvía de misa de siete, le dijo que iba a ir a pedir su mano.
Su corazón le dio un brinco de gusto y quedó con el muchacho en que él llegaría en la tardecita, pero ella , claro , se haría de las nuevas (como Dios manda).
Juan Ignacio llegó a las tres de la tarde, con sus pantalones bien planchados y un nudo en la garganta, le contó al padre de Camila sus intenciones de casamiento y le ofreció hasta cortarle una carretada de leña para que el gamonal se convenciera de lo hombre que era.
Por un lado salió Juan Ignacio y por otro comenzó a impacienterse Camila: "¿qué le habría dicho Juan? ¿y qué le contestaría papá?"
A la hora de la cena el viejo solo dijo:"Rosa, vaya buscándose un vestido porque mañana se casa con Juan Ignacio Varela"
En un acto de caridad paterna el viejo aceptó al yerno, pero para la hija que él sabía que nunca encontraría marido.
Es innecesario decir que ese matrimonio estuvo destinado a la ruina, nunca se hablaron. Rosa fue la perfecta ama de casa, la perfecta anfitriona y hasta la perfecta madre pues sí echó cuatro hijos a este mundo. Pero el hielo que se sentía en esa casa era glacial y por supuesto que había "pingüinos en la cama" (aunque todavía Arjona no había inventado la canción)
Camila por su parte decidió vengarse de su padre consiguiéndose al novio más detestable para éste y su familia, así que se buscó un artista. El único hombre del pueblo que en vez de traer en la tarde las vacas para el ordeño, se quedaba en el monte viendo las rojas puestas de sol y dibujándolas en un cuadernillo que compró en la capital. El mismo que en vez de aporrear frijoles hacía flautitas de bambú y las tocaba sentado sobre una piedra todo el día.
Pero ese matrimonio tampoco acabó bien, a ella la movían las represalias, el rencor y a él el hastío, la monotonía, el tedio.
Nadie amó, nadie disfrutó, nadie fue feliz. Pero todos fueron ciudadanos respetables de nuestra comunidad. Igual se murieron como me voy a morir yo que espero amar, disfrutar y ser feliz aunque tal vez nadie me considere una ciudadana respetable de la comunidad.
Sí, de veras pasó.